“¡OH HIJO DEL HOMBRE! Amé tu creación, por eso te creé. Por tanto, ámame para que mencione tu nombre y llene tu alma con el espíritu de vida.”

ENSEÑANZAS BAHÁ’ÍS


     A lo largo de la historia, Dios ha enviado a la humanidad una sucesión de educadores divinos — conocidos como Mensajeros o manifestaciones de Dios — cuyas continuas enseñanzas han servido de base para el avance de la civilización. Entre estas manifestaciones se encuentran Abraham, Krishna, Zoroastro, Moisés, Buda, Jesucristo, Mahoma, el Bab y Bahá’u’lláh.

El más reciente de estos educadores divinos, Bahá’u’lláh, explicó que las religiones del mundo provienen de la misma fuente y que son, en esencia, capítulos sucesivos de una sola religión de Dios. Los bahá’ís creen que la humanidad necesita encontrar una visión unificadora del futuro de la sociedad y de la naturaleza y el propósito de la vida. Tal visión se desarrolla en los escritos de Bahá’u’lláh.

Bahá’u’lláh enseña que cada individuo forma parte de una sola familia, la raza humana; y llama a las personas a realizar acciones nobles que promuevan el bienestar común.


El progreso de la sociedad, pueblos y comunidades se genera a través del servicio a los demás. En este proceso de construcción de sociedad, la gente goza de una vida espiritual individual y colectiva con la que todos están comprometidos.

Por lo tanto, la construcción de una sociedad unida y próspera depende de que reflejemos las enseñanzas divinas en nuestra vida cotidiana.

Este es un esfuerzo que se realiza junto con personas y organizaciones movidas por la misma visión.

La comunidad bahá’í conforma una sociedad multicultural que, con alegría, tenacidad y amor, aprende unida a poner en práctica las enseñanzas de Bahá’u’lláh.


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El alma humana

 
   Todo ser humano posee un alma inmortal y racional que pasa por este mundo durante un breve tiempo y continúa avanzando eternamente hacia Dios. El propósito de nuestra vida es progresar espiritualmente a través del servicio a nuestros semejantes. Al hacerlo, adquirimos las cualidades divinas que habremos de necesitar en la próxima vida.


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Una vida de entrega generosa

 
     Del mismo modo que el propósito de una vela es proporcionar luz, el alma humana fue creada para dar con generosidad. Cumplimos nuestro propósito más alto en una vida de servicio en la que, con humildad y desprendimiento, ofrecemos nuestro tiempo, energías, conocimientos y recursos materiales y financieros.


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LA ORACIÓN

 
 Los actos de devoción como la oración, la meditación, el ayuno, la peregrinación y el servicio a los demás son inherentes a la vida religiosa.
A través de ellos, los individuos y las comunidades pueden reforzar continuamente el vínculo único que existe entre Dios y la humanidad.


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EL CARÁCTER Y LA CONDUCTA

 
 El cultivo de las cualidades espirituales en este mundo es inseparable del perfeccionamiento constante de nuestra conducta en la que nuestras acciones reflejan cada vez más la nobleza y la integridad con la que cada ser humano ha sido dotado.
Tales cualidades espirituales no las adquirimos centrándonos en el yo, sino que las desarrollamos en el servicio a los demás.


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La juventud

 
   Los escritos bahá’ís destacan la juventud como la mejor época de la vida humana, caracterizada por la fuerza y el vigor. Independientemente de sus condiciones sociales, los jóvenes aspiran a un crecimiento espiritual e intelectual, y manifiestan un deseo de servicio abnegado que hace posible el crecimiento personal y el aumento de la capacidad para contribuir al progreso social.

“Mi más grande anhelo y mi mayor deseo es que vosotros... seáis educados en un todo de acuerdo con las enseñanzas de Bahá'u'lláh... que cada uno de vosotros llegue a ser un cirio encendido en el mundo de la humanidad... a fin de que lleguéis a ser la causa de la tranquilidad del mundo de la creación.” – 'Abdu'l-Bahá

La certeza en que el potencial de la juventud es inmenso, no puede dejar de lado el periodo de la adolescencia, reconocida como una etapa de grandes cambios y aspiraciones, en la que la compresión que se adquiere sobre el mundo y sobre sí mismo marca profundamente la vida futura.



En muchas partes del mundo, personas de todas las edades apoyan a los adolescentes entre los 12 y los 15 años, a través de un programa para el empoderamiento espiritual de los prejóvenes, que busca llevar a la vida diaria conceptos y principios espirituales necesarios para fortalecer en ellos, y en quienes les rodean, una estructura moral firme, canalizar sus deseos de contribuir al bienestar de la sociedad, y ayudarles a descubrir sus talentos y capacidades.

Desde sus inicios, la historia de la Fe Bahá’í se ha caracterizado por la participación heroica y activa de la juventud. El mismo Báb contaba apenas con 25 años cuando proclamó Su misión y la mayoría de sus primeros seguidores eran jóvenes también. Posteriormente, durante los ministerios de Bahá’u’lláh y ‘Abdu’l-Bahá, los jóvenes mantuvieron un papel protagónico en la difusión de las nuevas enseñanzas.

Actualmente, miles de jóvenes y adolescentes se han levantado con el vigor y entusiasmo que les caracteriza, a responder al llamado de Bahá’u’lláh, bajo la guía ahora de la Casa Universal de Justicia. Así contribuyen al  avance de la civilización espiritual y material, al tiempo que se hace posible su crecimiento individual, tanto intelectual como espiritual.

La respuesta de los bahá’ís jóvenes de hoy al llamado de contribución al progreso social es muy vasta. Para conocer más sobre las actividades que se han emprendido y la visión bahá’í sobre la juventud.


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PARTICIPACIÓN  EN LA COMUNIDAD


     Bahá’u’lláh aconsejó a sus seguidores: “Preocupaos fervientemente por las necesidades de la edad en que vivís y centrad vuestras deliberaciones en sus exigencias y requerimientos”.

En respuesta a este consejo, los bahá'ís se esfuerzan por participar en la vida de la sociedad, trabajando hombro a hombro con grupos diversos para contribuir al avance de la civilización material y espiritual.

“Es con estos pensamientos en mente que los bahá’ís, en la medida en que sus recursos lo permitan, entran en colaboración con un número creciente de movimientos, organizaciones, grupos e individuos, estableciendo asociaciones que se afanan por transformar la sociedad y fomentar la causa de la unidad, promover el bienestar humano y contribuir a la solidaridad mundial.“ —Casa Universal de Justicia.


     Los esfuerzos de los bahá’ís por participar en la vida de la sociedad –tanto individual como colectivamente– se centran en dos áreas complementarias. La acción social, que abarca actividades generalmente emprendidas a nivel local y que buscan contribuir al bienestar material y social de la comunidad en general; y la participación en los discursos de la sociedad, como una contribución al bienestar público a nivel de pensamiento, bajo el principio de que el ser humano no solo debería buscar la adquisición de conocimiento, sino participar responsablemente de su generación como una contribución al progreso de la humanidad.

Para conocer algunos ejemplos de estos esfuerzos se puede visitar la página oficial de noticias de la Comunidad Mundial Bahá’í, así como el sitio oficial de la Comunidad Internacional Bahá’í, que representa a los bahá’ís en el escenario internacional, y está presente en una serie de redes mundiales que velan por cuestiones como la igualdad entre hombres y mujeres, el desarrollo sostenible, y los derechos humanos y el bienestar de la humanidad.

Algunos artículos publicados por bahá’ís de alrededor del mundo pueden ser leídos en este sitio.

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“Nuestros mayores esfuerzos deberán estar dirigidos hacia el desprendimiento de las cosas del mundo; debemos luchar por ser más espirituales, más luminosos, por seguir el consejo de las Enseñanzas Divinas, por servir a la causa de la unidad y de la verdadera igualdad, por ser generosos…para que la luz del Espíritu se manifieste en todos nuestros actos, con el fin de que toda la humanidad sea unida… “‘Abdu’l-Bahá

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